La boda.
Antes de nada, muchísimas gracias Vane por tu comentario en la anterior entrada.
De verdad que el que Noe se me haya ido a los japones me ha dejado como sin energías, el tiempo que estoy fuera del trabajo es tiempo que desperdicio. No estoy aprovechando nada cuando estoy en casa. Esto se me suma a que he vuelto a quedarme sin coche y aquí estoy. Mira que me da rabia, quería hacer mogollón de cosas esta semana y, una vez más por el puñetero taller, me quedo anclado en casa, es como si hubiese encallado y, varado, me quede mirando para el techo, intentando hacer cosas, pero sin ánimos para hacerlas.
Y anda que será por asuntos pendientes, ya podría estar metiendo las mil trillones de cosas que he de llevar a nuestra nueva casita: libros, comics, mangas, cd’s, dvd’s, juegos. Debo hacer una criba, hay cosas que, simplemente, se quedarán atrás. Me llevaré las colecciones que tenga completas de comics y mangas. Los CD’s... ya veré, habrá algunos que, aunque sea originales, se quedarán en mi “futura vieja” habita. Idem que los juegos. De los de rol me llevaré los que considere “peculiares” y me traigan buenos recuerdos. Lo que no sé qué hacer con los VHS y los DVD’s. Tengo muchos VHS originales y muchos DVD’s realmente buenos, pero ocupan mucho, pero que mucho espacio. Lo que tengo que plantearme, de verdad, es encontrar un archivador “inteligente” que vende Samsung o Panasonic, no estoy seguro. La cosa es que puede albergar hasta 300 cd’s/dvd’s en muy poco espacio y, cuando quieres ver alguna peli, solo tienes que introducir el nombre y ¡tachaaán! Te lo busca él solito. Es una inversión para los cinéfilos coleccionistas como yo.
Hay ciertos elementos electrónicos en los que creo que compensa invertir dentro del “capricho” que supone adquirirlos, tal y como las TFT, las cadenas musicales planas, los altavoces wireless y todo lo que implique ahorrar espacio (¡ES QUE NUESTRA CASA ES MUY PEQUEÑINA!).
Pero no es de esto de lo que quería hablar hoy en concreto, no sé si me veo con fuerzas, pero tengo un tema que, si lo empiezo a tratar desde hoy, el día que finalmente deba hacerle frente, espero me resulte más sencillo.
¿A quién vamos a invitar de nuestos amigos?
Aquí pueden caer doscientas toneladas de líneas y líneas, espesas, no tan espesas, crudas, directas, esquivas y plagadas de tacto depende del momento en el que toque explicar cada una de ellas.
Pensar en mi boda no hace más que sacarme suspiros cuando se trata de elegir, seleccionar y cribar las convenciones sociales que van asociadas a ésta. Si se tratase de otras personas que no fuésemos Noe y yo, seguro que este asunto sería muy diferente Y SENCILLO. Se llamarían a cuantos más familiares mejor, a cuantos más amigos, conocidos, vecinos, compañeros de trabajo y amigos de amigos mejor y, en definitiva, el único objetivo sería recaudar pasta y más pasta. La boda por la pasta.
Con nosotros no va a ser así. Aún a riesgo de perder contacto con gente, de personas que se “ofendan”, de malas caras y gestos torcidos, Noe y yo nos hemos prometido celebrar el día con quien NOSOTROS queramos, no con quien estemos “obligados” a hacerlo.
La boda más reciente que tengo en la memoria es la de unos “conocidos” de un trabajo anterior a éste. Fue horrible. Veía esa escena tan repetida en películas del enviado del fiscal que llama a la puerta disfrazado de pizzero o se choca contigo en un parque y te pregunta “¿Fulanito de tal?” “Sí” contesta el protagonista “Dese por notificado” y entonces le clavan doblada la citación con el juez, con el abogado de su esposa o con el estrato gubernamental que corresponda.
Nosotros no queremos jugar a ser Bobby Donnel y Lindsay Doyle, preferimos ser Noelia Tineo y Daniel Grande. Del mismo modo, no queremos que el resto de personas lo sean. Parece que en un día tan feliz como en el que quieres celebrar, recordar y mostrar el amor que profesas a tu pareja las personas que te rodeen ganen el rol de jurado, juez e incluso, en el peor de los casos, verdugo.
En un sinfín de ocasiones he deseado poder levantar mi vaso en una cena, una comida, una fiesta, una reunión, un cumpleaños y hacer un brindis en concreto. Un brindis por la gente que me rodea, por los amigos que, de verdad, están dentro de mi corazón. Por la amistad que ha luchado y resistido durante años. Y, por desgracia, os anuncio que, desde hace más de tres años que he querido hacerlo, no he podido, porque no me sentía cómodo, siempre había alguna persona ajena a lo que me atrevo a denominar “nosotros”. El día de mi boda no será así. El día de mi boda me he prometido que, por muy duro que sea, por muy difícil que resulte, podré levantar mi vaso y dar ese pequeño brindis que reservo para aquellos que considero mis amigos más íntimos.
Esto no significa que aquellos que no estén no sean mis amigos, o no los considere como tales, simplemente significará que, por el motivo que sea, la distancia que nos une es más grande y, aunque les quiera, ese día lo reservo para aquellos que me han dado un cariño desmesurado, una comprensión y un apoyo continuo y que nuestro contacto ha sido incesante, llamándonos, escuchándonos, quedando, compartiendo planes mutuamente, esforzándonos por vernos las caras, dándonos un abrazo al encontrarnos, compartiendo el día a día de nuestras vidas.
Igual que no invitaré a toda mi familia “de sangre” tampoco invitaré a toda mi familia “de amigos”.
Ojo, sé que hay personas que invitan a mucha gente por otros motivos, porque les gusta, porque creen firmemente en esas normas no escritas de nuestra cultura ¡y hacen bien! Yo me dicto por unas normas también y mi futura mujer igual, es en base al conjunto de ambas por las que me siento en la necesidad de explicaros a vosotros, gente que me importa, mis futuras decisiones.
Todavía no tenemos una lista, ya nos pondremos a ello cuando por lo menos tengamos una fecha, antes tiene que haber un casa y para eso aún faltan unas cuantas semanas, puede que un mes o dos inclusive. Lo que sí es seguro es que, desde luego, no será una boda convencional, será una boda a nuestro gusto, de Noe y mío. Sea como sea, los que vengáis, esperemos que lo paséis bien y, los que no, espero que aceptéis celebrarlo en otro momento en nuestra ya mencionada casita, en algún restaurante de esos que nos gusta descubrir o saliendo una noche por Madrid, a través de las calles naranjas que ahora veo desde la ventana del trabajo.
Un abrazo de oso para todos y un beso enorme,
Dani.

